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Alerta por el calentamiento global La siguiente nota fue realizada por Viviana Serantes, participante del Taller de Periodismo Ambiental sobre Cambio Climático realizado por FARN con el apoyo de la Embajada Británica en Argentina. El taller se llevó a cabo durante el mes de junio de 2008 en la Maestría de Clarín-UdeSA. Huracanes, inundaciones, sequías, incendios forestales y olas térmicas cada vez más frecuentes. Refugiados ambientales. Muerte por carestía o costo creciente de alimentos Enfermedades por contaminación ambiental. Agotamiento de los recursos naturales. Países insulares y ciudades costeras en riesgo de desaparición. Son algunos de los efectos del calentamiento global. Este fenómeno, agravado por la explosión demográfica cada vez más creciente, es resultado principalmente de la quema de combustibles fósiles para la industrialización iniciada hace 3 siglos, así como la deforestación y la ganadería, que incrementaron la cantidad de gases de “efecto invernadero” (GEI) a niveles catastróficos para el planeta. Si bien el más conocido es el dióxido de carbono o anhídrido carbónico (CO2), también contaminan el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O), los hidrofluorocarbonos (HFCS), los perfluorocarbonos (PFCS) y especialmente el hexafluoruro de azufre (SF6). Este último incide 22 veces más que el primero en el calentamiento global y es utilizado como aislante de electricidad y en la industria de los neumáticos y zapatillas. Antes que nada es imprescindible entender que hay un “efecto invernadero” natural que consiste en que ciertos gases atmosféricos, principalmente el dióxido de carbono (CO2), actúan como reguladores térmicos, ya que permiten ingresar mayor cantidad de calor que el que permiten salir. Esto ocurre porque gran parte de las radiaciones ultravioletas (UV) que son filtradas por la capa de ozono (O3) en la estratósfera a 30 km de la superficie terrestre son retenidas con consecuencias benéficas para la temperatura media mundial. Pero este resultado se ha revertido a partir de la utilización de los combustibles fósiles, recursos no renovables como carbón, petróleo y gas natural que son contaminantes en mayor o menor medida ya que con la combustión de cualquiera de ellos sea para generar electricidad, calefaccionar o mover un automóvil se liberan los GEI. Por otro lado, con el transcurrir del tiempo el hombre no sólo contaminó más los recursos naturales como el agua, el aire y la tierra, sino que también destruyó o debilitó los sumideros naturales como los bosques y los océanos que podrían atenuar esta situación. Los primeros con la deforestación doblemente perjudicial, ya que con la destrucción de los árboles no sólo se pierde a los “captadores” naturales de carbono sino que se aumenta su proporción en la atmósfera. Asimismo los océanos, están casi colapsados en su capacidad de absorción. No todos los países tienen la misma responsabilidad en el calentamiento global, incluso esto no va en proporción a la cantidad de habitantes. Por ejemplo, EEUU aporta el 33,7% de las emisiones mundiales de CO2, con un 4,5% de la población mundial, la Unión Europea el 21% con un 6% y América Latina un 6% con un 8% de población mundial en el 2000. Argentina sólo el 0,6%. En 1992 se firmó en Río de Janeiro, Brasil, la Convención Marco sobre Cambio Climático durante la Cumbre de la Tierra. Su objetivo fue estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera a niveles seguros como para permitir la adaptación natural de los ecosistemas, la producción de alimentos y un desarrollo económico sustentable. En 1997 se firmó el Protocolo de Kioto, Japón, que debía ser ratificado por 55 países como mínimo con el 55% de las emisiones, lo que ocurrió con la incorporación de Rusia en 2004. El objetivo era que cada país redujera no menos del 5% de los GEI respecto del año 1990 entre el período 2008/12. Pero en realidad para los países desarrollados representa una reducción efectiva de un 20% si se compara con los niveles que se proyectan para 2010 si no se controlan las emisiones. Un dato curioso y contradictorio: en el caso de algunos países de baja contaminación como Islandia se les permite aumentar los GEI hasta en un 10%. Surgió el Mercado de Carbono que es el sistema de comercio dentro del cual gobiernos, empresas e individuos compran y venden unidades vinculadas a la reducción de emisiones. Para países como el nuestro se propician las “Transacciones basadas en Proyectos” que son aquellas en las que un comprador puede obtener derechos mediante la implementación de un proyecto (MDL-IC) que reduce de manera cuantitativa los gases de efecto invernadero (GEI). Este Mercado tiene sus defensores y sus detractores. Los primeros ven como positivo el que las compañías de las naciones industrializadas puedan optar por compensar sus emisiones contaminantes y cumplimentar sus compromisos domésticos con la adquisición de créditos de carbono de costo potencialmente menor en países en desarrollo. Mientras tanto, las naciones en vías de desarrollo se benefician con los flujos de inversión orientados a un desarrollo sustentable, con transferencia de tecnologías más limpias. Los segundos, organizaciones que se expresaron en la Declaración de Durban, señalan que con el Protocolo y sus mecanismos no se realizan grandes esfuerzos para terminar con los combustibles fósiles sino que se retrasa su agotamiento. Otros más radicales incluso afirman que “bajo el Protocolo la ONU distribuyó derechos a contaminar en 38 naciones industrializadas…estos gobiernos están silenciosamente repartiendo estos derechos de manera gratuita a los mayores contaminantes corporativos”. Es imperioso que los poderosos del mundo comprendan que hay que terminar con la quema de combustibles fósiles y contribuyan al uso de energías renovables alternativas de acuerdo a las posibilidades de cada región preferentemente poniendo el acento en la energía solar, eólica y biomasa. Nuestro futuro como especie está en juego. NOTA: Los conceptos vertidos en la nota corresponden al autor y no necesariamente coinciden con los de FARN. FARN declina toda responsabilidad por los derechos que pudieran derivarse de la lectura y/o interpretación del contenido del artículo publicado.
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| © Fundación Ambiente y Recursos Naturales | Actualización: 24-jun-08 | |||||||